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COVID-19: ¿aún se puede alcanzar la inmunidad de rebaño?

Lunes 18 de Abril 2022
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Desde el inicio de la pandemia por el coronavirus se empezó a hablar sobre la búsqueda de alcanzar la inmunidad de rebaño por la vacunación como una manera de controlar la emergencia sanitaria.
Ese concepto implica que la transmisión de un agente infeccioso como los virus puede ser atenuada porque una gran proporción de la población ya está protegida a través de la vacunación o por la infección previa.
 
Pero en el tercer año de la pandemia, solo el 66% de la población estadounidense accedió al esquema primario de vacunación y un 30% tiene el refuerzo, y la variante Ómicron -ahora con su subvariante BA.2 como predominante- del coronavirus sigue circulando. En este contexto, el doctor Anthony Fauci y colegas del instituto que dirige en los Estados Unidos sostienen que la inmunidad de rebaño ya no debe esperarse para el COVID-19.
 
En un artículo que publicaron en la revista The Journal of Infectious Diseases, el doctor Fauci, que es el líder de la respuesta a la pandemia en los Estados Unidos, junto con los científicos David Morens y Gregory Folkers, que forman parte del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas y Alergia, argumentaron su perspectiva con un análisis sobre la historia del concepto de inmunidad de rebaño.
 
“Como se entiende comúnmente, los umbrales de inmunidad del rebaño se alcanzan cuando una proporción suficiente de la población está vacunada o se ha recuperado de una infección natural con un patógeno tal que su circulación comunitaria es reducido por debajo del nivel de amenaza significativa para la salud pública”, señalaron. Como ejemplo, indicaron que el umbral para la inmunidad de rebaño se ha cumplido con la circulación de la poliomielitis y el sarampión en los Estados Unidos.
 
Pero los expertos ahora consideran que el concepto clásico no puede aplicarse para la pandemia por el coronavirus. Sostuvieron que “el SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, es tan diferente de la poliomielitis y el sarampión que la clásica inmunidad de rebaño puede no aplicarse fácilmente. Entre las diferencias importantes se encuentran la estabilidad fenotípica de los virus de la polio y el sarampión, y su capacidad para provocar una inmunidad protectora a largo plazo, en comparación con el SARS-CoV-2. Por estas y otras razones, “el control del COVID-19 mediante el aumento de la inmunidad del rebaño puede ser un objetivo difícil de alcanzar”, afirmaron.
 
A pesar de que consideran que el objetivo de la inmunidad de rebaño no se alcanzaría, Fauci y sus colegas expresaron su optimismo al decir que “el uso generalizado de las intervenciones de salud pública actualmente disponibles para prevenir y controlar el COVID-19 permitirá reanudar la mayoría de las actividades de la vida cotidiana con un mínimo de perturbaciones”.
 
Los autores explican cómo ha evolucionado la comprensión científica de la inmunidad de grupo y sus aplicaciones a diversas enfermedades a lo largo del tiempo. Los altos niveles de inmunidad de grupo han permitido a Estados Unidos controlar en gran medida la poliomielitis y el sarampión, dos enfermedades causadas por virus que no han sufrido una evolución significativa. Sin embargo, señalan los autores, los beneficios de alcanzar umbrales de inmunidad de rebaño han tenido menos éxito con los virus respiratorios como la gripe, que mutan continuamente.
 
Fauci y sus colegas argumentan que es poco probable que se consiga la clásica inmunidad de rebaño contra el coronavirus SARS-CoV-2 por una combinación de factores que incluyen características del virus así como la dinámica social actual. Uno de los factores es la capacidad del virus de mutar continuamente hacia nuevas variantes. Otra cuestión es que el virus se propaga y hay personas que adquieren la infección sin manifestar síntomas y esto “complica las estrategias de control de la salud pública”.
 
También advierten que se da la incapacidad de la infección o de la vacunación previas para proporcionar una protección duradera contra la reinfección”. A todo esos factores, le suman “la cobertura de vacunación subóptima” en los Estados Unidos, y la falta de adherencia por parte de la población a las intervenciones no farmacológicas, como el uso del barbijo o mascarilla o el distanciamiento.
 
Sin embargo, los autores señalan que hoy en día es posible controlar el COVID-19 sin causar grandes trastornos a la sociedad, gracias a la inmunidad de base generalizada a través de la infección o la vacunación previas, las vacunas de refuerzo, los medicamentos antivirales, las terapias con anticuerpos monoclonales y las pruebas de diagnóstico ampliamente disponibles. Sigue siendo crucial la investigación para desarrollar vacunas contra el pan-coronavirus, que podrían proteger contra múltiples coronavirus o al menos contra múltiples variantes del coronavirus.
 
“La mejor manera de vivir con el COVID no es alcanzar un umbral numérico de inmunidad, sino optimizar la protección de la población sin restricciones prohibitivas en nuestra vida cotidiana”, afirmaron. Hace un año, en cambio, el clima era otro. Millones de personas hacían cola diariamente para vacunarse, y se lo consideraba como una oportunidad para vencer al virus. Pero los factores que describieron modificaron las expectativas. Significa que “no vamos a estar sin el coronavirus en la población durante un periodo de tiempo considerable”, dijo Fauci.
 
Al igual que el virus que causa el COVID-19, el virus del sarampión se propaga por el aire. Es tan contagioso que si una persona lo tiene, 9 de cada 10 personas de su entorno se contagiarán si no son inmunes, según los CDC. Algunos expertos han estimado que las variantes Ómicron del coronavirus son tan contagiosas como el sarampión. El control sobre el sarampión despertaba también la esperanza para el COVID-19.
 
En los Estados Unidos se eliminó la transmisión del sarampión y se consiguió que el virus no circule por el país gracias a una vacuna extremadamente eficaz; un virus que no cambia de forma significativa con el tiempo; y una exitosa campaña de vacunación infantil. La vacuna contra el sarampión tiene una eficacia del 97% en la prevención de la enfermedad. Una vez que una persona se vacuna, los estudios han determinado que la protección dura prácticamente toda la vida.
 
Entre 2010 y 2018, se estima que, solo con la vacuna contra el sarampión se evitaron 23 millones de muertes en el mundo. Gracias a las vacunas se pudo eliminar y a muchas enfermedades que representaban la principal causa de mortalidad, enfermedad y discapacidad como el sarampión y la polio. América fue la primera región del mundo en ser declarada libre de estas enfermedades gracias a la vacunación y a la implementación de un sistema de vigilancia epidemiológica de calidad. Para mantener esos logros, es necesario mantener los estándares de calidad de la vigilancia y garantizar coberturas de vacunación de 95%, aunque por el impacto de la pandemia han bajado.
 
De acuerdo con el doctor Fauci, “la mala noticia número uno es que el coronavirus que causa el COVID-19 cambia mucho y de manera significativa. “Ya hemos experimentado en un período de dos años que hemos tenido cinco variantes separadas Alfa, Beta, Delta, Ómicron. Y ahora la BA.2 de Ómicron”, dijo. “La segunda mala noticia es que no hay una amplia aceptación de vacunas seguras y eficaces”, dijo Fauci. En pocas palabras, no se ha vacunado a suficientes personas. En los Estados Unidos, solo el 77% de la población aceptó recibir al menos la primer dosis de la vacuna, y el 66% completó el esquema.
 
En tanto, según el doctor Adam Kucharski, codirector del Centro de Preparación y Respuesta a las Epidemias de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, cuanto más contagioso sea el virus, más personas deben ser vacunadas para evitar que arrase con una comunidad. Cuando circulaba la variante Delta del COVID-19, el 98% de la población debería haber estado vacunada estar si los inoculantes pudieran prevenir el 85% de la transmisión del virus.
 
En un artículo que publicó en la revista Eurosurveillance, Kucharski y sus coautores explicaron que gran parte de la inmunidad de rebaño también depende de la eficacia de las vacunas para prevenir la transmisión. Es decir cuánto evita que una persona ya inmunizada contagie a otra si adquiere la infección.
 
En el caso de la vacuna contra el sarampión crea una inmunidad esterilizante. En cambio, las vacunas contra el COVID-19 no lo hacen. Aunque la vacunación sí reduce las posibilidades de que se pueda transmitir el coronavirus a otra persona, los estudios de rastreo de contactos han demostrado que sigue ocurriendo.
 
Si no se vacuna un número suficiente de personas, que tiene que ser prácticamente toda la población porque circulan subvariantes altamente contagiosas, o las vacunas que tenemos no detienen casi toda la transmisión, es posible que no podamos alcanzar la inmunidad de rebaño para el COVID-19 hasta que la mayoría de las personas hayan desarrollado inmunidad después de contraer la infección, escribió Kucharski en el artículo.
 
También hay que tener en cuenta otros factores, como la durabilidad de la inmunidad en el tiempo. “No solo la inmunidad inducida por la vacuna no es para toda la vida, sino que la inmunidad inducida por la infección no es para toda la vida”, advirtió Fauci. Eso significa que las personas van a necesitar repetidas exposiciones a las vacunas o a la infección para mantener altas sus defensas.
 
Sin embargo, algunos no están dispuestos a renunciar por completo a la idea de alcanzar la inmunidad de rebaño. Barry Bloom, profesor emérito de salud pública en la Universidad de Harvard en los Estados Unidos, consideró que una forma de conseguirla sería fabricar mejores vacunas. Las empresas están trabajando en vacunas que se dirijan a partes más estables del virus, incluido el tallo de la proteína de la Espiga, que no parece mutar tanto. Esto podría crear una inmunidad más duradera que podría resistir el cambio de forma de las variantes del virus.
 
También hay vacunas prometedoras en forma de spray nasal que podrían ayudar a desarrollar anticuerpos en la nariz y la garganta. La esperanza es que esas vacunas puedan generar inmunidad esterilizante que impida la transmisión. Y si no es una vacuna en un spray nasal, dice Bloom, ¿por qué no poner anticuerpos monoclonales en un spray que se pueda tomar a diario antes de salir de casa para prevenir la transmisión del virus? El doctor Bloom cree existe la posibilidad de que el coronavirus siga circulando pero cause cuadros leves. Es lo que probablemente ocurrió con los coronavirus que ahora causan resfriados comunes.
 
Desde Uruguay, el virólogo Santiago Mirazo, profesor adjunto del Departamento de Bacteriología y Virología de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, comentó a Infobae: “Coincido plenamente con lo que afirmó el doctor Fauci y sus colegas de los Estados Unidos. Hace tiempo que sostengo que la inmunidad de rebaño no podrá ser alcanzada por una sencilla razón. El porcentaje de cobertura vacunal que confiere inmunidad colectiva depende de la efectividad de las vacunas en prevenir infección y la trasmisibilidad del patógeno”.
 
De acuerdo con el doctor Mirazo, “la efectividad de las vacunas se ha reducido mucho a partir de la circulación de la variante Ómicron y la transmisiblidad ha aumentado mucho a partir de la variante Delta y lo va a seguir haciendo. En este escenario es virtualmente imposible adquirir inmunidad colectiva por la vacunación. Quizás la inmunidad híbrida pudiese acercarnos un poco más a ella. Pero con las plataformas de vacunación actuales es virtualmente imposible. La clave podría estar en una segunda generación de vacunas orales que monten un tipo de respuesta inmune de mucosas que impida (o limite significativamente) la infección”.
 
“El coronavirus es una enfermedad como la gripe y no como el sarampión o la polio, según el doctor Fauci. Puede cambiar y las vacunas no tienen una larga duración. Por eso hace difícil que se logre la inmunidad de rebaño. De todos modos, coincido con Fauci en que se podrá convivir con el virus con medidas de salud pública y nuevas vacunas”, según dijo a Infobae el doctor Lautaro De Vedia, ex presidente de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI). “En el futuro, podrían seguir apareciendo casos de COVID-19, pero no una pandemia”, opinó.
Con información de Infobae
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